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El funcionalismo penal

Escrito por  Eduardo López Betancourt Jun 22, 2020

En lo que se ha dado en llamar la dogmática post-finalista, son dos sistemas teóricos los que sobresalen en el debate penal contemporáneo: el modelo teleológico político-criminal impulsado por Claus Roxin, y el funcionalismo normativo de Günther Jakobs. Evidentemente, se trata de formulaciones teóricas en plena discusión, cuyo análisis corresponde a niveles de conocimiento jurídico especializados.

El teleologismo de Roxin parte del esquema básico del sistema tripartita del delito, que reconoce la existencia de tres elementos esenciales: tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, herencia del finalismo. La reformulación que él hace de estos tres elementos básicos del delito consiste en que los dota de un contenido político-criminal por medio de la inclusión de elementos de utilidad social. Con ello, Roxin ha generado un sistema abierto; ejemplo de ello es su teoría de la pena, misma que para este autor debe tener intereses exclusivamente preventivos, en rechazo a las posturas tradicionales que afirman la retribución como fin de la pena. De esta manera, de acuerdo con Roxin, la pena desempeña tanto fines de prevención general como de prevención especial, puesto que busca evitar los delitos, influyendo tanto sobre el particular como sobre la colectividad en su conjunto. La intención es que ambos fines se armonicen cuidadosamente, sobre la base de que la culpabilidad, como límite de la pena, exige que ésta última nunca rebase la medida de la propia culpabilidad, pero sí pueda reducirse, cuando así lo aconsejen los criterios preventivo-especiales, referidos al autor del delito (resocialización, etcétera).

Al añadir a la categoría de la culpabilidad, esas consideraciones relativas a las necesidades preventivas, ya sea con carácter general o especial, que a juicio de Roxin deben definirse como finalidades de la pena, dicha categoría de culpabilidad extiende su ámbito, para caracterizarse ahora como responsabilidad.

Por su parte, dentro de su esquema teórico, Jakobs propugna por la normativización del sistema jurídico penal, suprimiendo de su seno criterios naturalistas u ontológicos. Ello, sobre la base de afirmar que el derecho penal, más que garantizar bienes jurídicos, tiene como finalidad garantizar la identidad normativa, la constitución y la sociedad. Siguiendo a Welzel, Jakobs sostiene que el derecho penal no tiene como misión inmediata la protección de bienes jurídicos, pues por lo general llega demasiado tarde; es decir que interviene cuando el bien ya ha sido lesionado.

Yendo más allá, Jakobs sostiene que, como consecuencia de ello, la función del derecho penal, y en concreto de la pena, es salvaguardar la identidad normativa de la sociedad, es decir la vigencia de la norma. No repara bienes lesionados, sino que responde frente a un hecho, en cuanto éste implica quebrantamiento de una norma. Esta normativización se extiende a la definición de conceptos como la acción (que para Jakobs se convierte en acción culpable, pasando la culpabilidad a ser un presupuesto de dicha acción); el de imputación objetiva, así como los de autoría y participación. n