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La marca Acapulco

Escrito por  Ginés Sánchez Ago 25, 2020

En días pasados fuimos testigos de varias pifias en el sector turístico mexicano, en cuanto al tema de la promoción. Centrándonos en Acapulco, donde una campaña publicitaria causó un revuelo y una absurda indignación, debemos de centrarnos en la realidad del primer destino turístico moderno en México.

A finales de la década de los 80, el icónico gobernador de Guerrero José Francisco Ruiz Massieu concibió (entre otras muchas cosas) una nueva autopista entre Cuernavaca y Acapulco, con el fin de aumentar el flujo de visitantes nacionales al puerto, y complementarlo con los internacionales; pero con los años la autopista del Sol mostró un inesperado lado negativo: el conformismo a recibir turismo nacional, sobre todo de fin de semana, descuidando la promoción del destino en otros países, la diversificación en la oferta turística, la construcción de nuevos hoteles (privilegiando a la de condominios de manera exagerada) y hasta el turismo de cruceros.

No sólo Guerrero ha aumentado su dependencia a una sola actividad, como la turística, sino que la oferta para el turista se limita a los que la naturaleza le dio y a la calidad de su vida nocturna, basta con visitar cualquier otro destino turístico (y hasta no turístico) en el país para darse cuenta de que el turista tiene cada día en el lobby de su hotel 20 opciones para visitar, atractivos de todo tipo y un esfuerzo de autoridades e iniciativa privada por irla renovando constantemente.

En Acapulco, lo nuevo que hay para el turista en los últimos 20 años son tiendas Oxxo en cada esquina y elefantes blancos como el otrora hermoso y lleno de vida Centro Internacional (de convenciones), y (próximamente) el “edificio inteligente” en Costera y vía rápida, construido en lugar privilegiado y con la mejor tecnología, que no tarda en convertirse en un monumento a la mezquindad y a la estupidez, y aun así tenemos el descaro de quejarnos por el tipo de turismo que llegó en el Moto Fest. ¿Quién quieren que nos visite con esa oferta mediocre y corriente: europeos, chinos, rusos, etcétera, como en la Riviera Maya? El aeropuerto esta ínfimamente subutilizado.

Podemos continuar con ejemplos de inversiones en grandes obras y mal hechas, como la marina de Puerto Marqués, que deterioró un ecosistema de manera irreversible; sólo basta comparar la nueva marina en Cozumel y la que se construye en Champotón, Campeche, impecablemente en armonía con el medio ambiente. Podemos seguir con que hasta el equipo de futbol (ya con proyecto de estadio y todo) nos lo ganó Cancún.

¿Y los políticos? Andan en las colonias pobres lucrando con la miseria, para brincar al siguiente puesto para seguir “trabajando por Acapulco”. La sociedad civil en el puerto (o parte de ella) se preocupa y quiere participar, pero sólo es tomada en cuenta en campaña, en los “foros para escuchar propuestas” organizados por los candidatos, y sólo usada para tomarse la fotografía y salir en los medios burlándose de la gente bien intencionada y haciéndole perder su tiempo. No falta el “si no hay dinero para mí, ni vengas”, de los tomadores de decisiones en la materia.

Ojalá que Acapulco como destino despierte, aunque (hay que decirlo) tenemos varias décadas de rezago en comparación con la mayoría.

Mientras, no se le puede pedir peras al olmo, promoviendo lo que, sencillamente, no se ofrece al visitante. n