La Jornada Guerrero - Miércoles, 18 Marzo 2020

Chilpancingo, 18 de marzo. Desplazados de la sierra de Leonardo Bravo (Chichihualco) demandaron la seguridad de la Guardia Nacional, para impedir la entrada de gente armada que amenaza con llegar a la cabecera municipal por ellos.

Tiempo antes de la conferencia de prensa que ofrecieron los desplazados e integrantes del Centro Regional de Defensa de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón, informaron que hombres armados habían sitiado las comunidades de Carrizal de Bravo, y posteriormente que ya habían tomado Balsamar.

Los desplazados señalaron que estaban preocupados y que exigían al gobierno del estado saber qué iba a hacer ante la situación que se estaba viviendo, pues si se cumplía con la amenaza de la irrupción no tenían a dónde ir, y que no son delincuentes para salir huyendo.

Sin embargo, dijeron que temían por sus familias, por los niños y mujeres, pues estaban a una hora de los enfrentamientos que se estaban originando. El director del Centro Morelos, Manuel Olivares Hernández, dijo que como defensores de derechos humanos les preocupa esta situación que se está presentando, que para ellos es grave que los gobiernos federal y estatal no asuman su responsabilidad como debe de ser.

Expuso que hace un año se firmó una minuta en la que se solicitó que fuera la Guardia Nacional la que tomara el control de la seguridad en toda la región, pero el gobierno federal no ha atendido esta promesa.

Abundó que pareciera que las autoridades siguen apostando a que los grupos que se pelean el territorio se exterminen entre ellos, y que les preocupa que toda esta guerra está dejando mucha gente desplazada y huérfanos. Expuso que cuando les informaron que sitiaron Carrizal de Bravo y que ya había un ataque contra Balsamar, y que otros dicen que se escucharon disparos en varios de los alrededores y que es justificable el miedo.

Publicado en Política
Jueves, 19 Marzo 2020 01:14

¿Hay tiempo aún?

La dimensión de las decisiones que en relación con el coronavirus han tomado en los recientes tres días el gobernador Héctor Astudillo y varios alcaldes de la entidad tiene, además de la obvia lectura que los mostraría como gobernantes atentos a los tiempos y a las necesidades sociales, otra interpretación, algo más profunda, que se refiere a cómo califican –de manera consciente o inconsciente– el desempeño y las aptitudes del gobierno federal ante la contingencia que implica la llegada y la expansión del Covid-19 al estado de Guerrero.

Es entendible que así sea, pues la magnitud del problema que describen los medios informativos de todo el mundo es en apariencia mucho más grave que la que presenta la narrativa del gobierno de México, como la expansión casi exponencial del número de infectados y de muertos en Irán, Italia y España, por poner un ejemplo.

Y si todos o casi todos los medios informativos del mundo presentan un panorama similar, lo menos que cualquier observador puede notar es la discrepancia con la visión oficial en México.

Así, era sólo cosa de tiempo que el gobierno de Guerrero –así como los de otros estados– y los ayuntamientos empezaran a adelantarse a tomar decisiones que luego tendrá que tomar el gobierno federal, como la instalación del Consejo Estatal de Salud o la cancelación o postergación de encuentros y ceremonias que impliquen la congregación de varias personas en espacios reducidos.

Así, por ejemplo, la Secretaría de Educación Pública decidió la suspensión de actividades escolares a partir del 20 de marzo y hasta el 20 de abril, pero varias escuelas en Guerrero decidieron no volver a las aulas después del fin de semana largo que concluyó el 16 de marzo, con motivo del natalicio de Benito Juárez, lo que implica agregar cuatro días a ese periodo de reclusión supuestamente voluntaria ante la dispersión del virus.

Es evidente que el gobierno federal no ha ejercido un buen liderazgo en este tema, justo como no lo ejercieron en su momento los gobiernos cuyos países hoy enfrentan una crisis sanitaria de magnitudes insospechadas, y que hace suponer que en nuestro país debieron ejecutarse medidas más drásticas –o al menos las que se están tomando desde hace tres días– hace al menos dos semanas.

¿Habrá tiempo para corregir?

Publicado en Editorial

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