Manuales de liderazgo y personas con experiencia acumulada en la toma de decisiones, tanto en situaciones normales como en situaciones difíciles, suelen recomendar mesura cuando quien debe tomar la decisión se halla en situaciones inusuales y tensas, porque en esas circunstancias es más fácil errar, y porque muchas veces esas equivocaciones implican costos onerosos y hasta invaluables.

Muchos conflictos que ha sufrido la humanidad han tenido su origen en actos arrebatados, apasionados y no reflexionados. Y de lo que se trata en una contienda electoral no es emular una guerra, sino llevar la confrontación por cauces civilizados y civilizatorios, que nos permitan a la comunidad continuar construyendo la gran nación que anhelamos todos, con las menores pérdidas posibles.

Bien harían los afectados –sobre todo los afectados indirectos– por el tiroteo de este martes en la colonia La Laja en esperar a serenarse antes de lanzar acusaciones que causen más daño del que puedan remediar.

Según el fiscal del estado, Jorge Zuriel de los Santos Barrila, se trató de un daño colateral, pues es lo que las primeras declaraciones de los heridos indican; “de manera contundente rechazan que haya sido un ataque directo”, asegura el comunicado de la Fiscalía al respecto. ¿Se atrevería el funcionario a hacer tal aseveración a sabiendas de que más tarde o más temprano los afectados podrían declarar lo contrario ante otras autoridades, ante sus conciudadanos o en las redes sociales, de tanto peso hoy en día?

Por eso, lo más prudente para los afectados indirectos –en primer lugar para la candidata de Morena a la alcaldía, Abelina López Rodríguez, pues los heridos son sus promotores, pero también para los señalados por ella como autores del ataque– aguardar a que la Fiscalía termine sus investigaciones, y en ese lapso, de paso, apaciguar los ánimos en vez de atizarlos. Por supuesto, de comprobarse un ataque directo estaríamos ante una situación más grave aun que la que de manera cotidiana atosiga a los habitantes del municipio, pues en ese caso se trataría de violencia política extrema, de degradación aguda de la política.

Pero también puede ser, como indica la Fiscalía, de un enfrentamiento entre bandas rivales que afectó a civiles que ninguna relación tienen con ellas. Esto es mucho más usual. n

De justicia es destacar que, tras ser de los congresos estatales más opacos del país, el de Guerrero pasó a convertirse en el más transparente, después de Jalisco.

Llama la atención el gran salto del sitio 31 al segundo, puntualizado por el titular de su Junta de Coordinación Política (Jucopo), Alfredo Sánchez Esquivel, porque Guerrero, siendo uno de los estados más atrasados en todos los rubros, su congreso se encuentra ahora prácticamente a la cabeza en la materia.

En el ámbito nacional, Guerrero ha figurado en los primeros lugares negativos: producción de marihuana y amapola, así como en analfabetismo, entre otros no menos deshonrosos puntos.

Ahora ocupa un sitio de honor en un importante campo.

El tramo se ha recorrido en los últimos cuatro meses, lapso en el que ha estado al frente de la Jucopo Sánchez Esquivel, quien este lunes lo presentó como uno de los logros de la actual legislatura.

Ahora, expone el legislador, hay transparencia en cada uno de los convenios, compras, adquisiciones y servicios.

Es decir que nada se hace ya en lo oscurito.

Pero no sólo es eso.

En esos cuatro meses, puntualiza, se incrementó la productividad en todas las comisiones, como fue el caso de la Jucopo, misma que en este mes podría quedar sin ningún rezago.

Si bien los resultados han sido producto del trabajo desarrollado en el periodo que la Jucopo ha estado bajo su responsabilidad, Sánchez Esquivel no los maneja como logros personales, sino que los atribuye al Congreso todo.

Durante la conferencia de prensa que ofreció para dar a conocer la información de la transparencia, el legislador en ningún momento dejó entrever atisbo alguno de lucimiento personal.

La transparencia es y ha sido tema de todos los días de los gobiernos, pero no se traduce en los hechos: palabras huecas que a nadie convencen porque no hay números, cifras, porcentajes, comparaciones, que las respalden.

El Congreso presenta hechos, algo que los guerrerenses reclaman para saber cómo se manejan los poderes del gobierno y qué uso se da a sus impuestos.

Con Sánchez Esquivel en la Jucopo, sin aspaviento alguno y sin buscar los reflectores, el Congreso ha sabido responder a ese reclamo y anhelo. n

Sólo 20 de los 81 ayuntamientos en el estado han presentado su atlas de riesgo, para identificar cuáles son las zonas que están en vulnerabilidad en cada municipio, en caso de presentarse un fenómeno meteorológico, dice la diputada presidenta de la Comisión de Protección Civil del Congreso local, Perla Edith Martínez Ríos.

Los atlas de riesgos son instrumentos que sirven como base de conocimientos del territorio y de los peligros que pueden afectar a la población y a la infraestructura en el sitio.

En esta temporada de lluvias, los municipios que cuenten con sus respectivos atlas tendrán ubicadas con claridad y precisión las zonas más vulnerables y con base en ello podrán apoyar a la población en caso de inundaciones, por ejemplo.

¿Y los que no lo tengan?

Llegado el momento de algún desastre actuarán a ciegas.

¿Por qué no todos los alcades obtienen esta herramienta?

La diputada explica que los alcaldes aducen carencia de recursos económicos para su elaboración. Ella los justifica diciendo que es una respuesta válida por los recortes presupuestales que el gobierno federal aplicó a los municipios desde hace dos años.

El hecho se agrava, explica, con la desaparición de fideicomisos como el Fondo Nacional para Desastres Naturales (Fonden).

Viendo hacia delante, habrá que preguntarse ¿qué harán los alcaldes en casos de algún desastre en su municipio?

¿Se cruzarán de brazos y echarán la culpa a la Federación?

Si la temporada viene con muchas lluvias, quien gobierne Acapulco deberá ir pensando qué hará cuando se desborde el río de La Sabana e inunde la decena de colonias y comunidades ubicadas cerca de sus orillas, como ha ocurrido en otras ocasiones.

Peor estará la situación porque el río se encuentra azolvado de lodo, tierra, arena, piedras y vegetación, que se han venido acumulando en las últimas temporadas por el abandono oficial.

Le toca a la Federación, dirán. Pues, entonces, cuando lleguen las inundaciones –ojalá que no–, que expliquen eso a los damnificados.

Muy bien se van a ver y mejor van a quedar.

No sería de extrañarse que en vez de prevenir una tragedia, las autoridades todas esperen que la misma ocurra para intervenir y entonces sí conseguir recursos para zarapes y colchonetas, para así erguirse como los salvadores de los damnificados.

Y es que prevenir no arroja dividendos políticos.

Si para los médicos lo mejor es prevenir que curar, para políticos y gobernantes mejor es curar que prevenir.

Les va mejor. n

Quienes, creyéndose puros e inmaculados, están metidos en el juego de poder y, sin autoanalizarse primero, levantan la mano y dirigen su índice de fuego hacia el adversario, deberían, por elemental cordura y prudencia, ser un poco reflexivos y tomar en cuenta el alto riesgo que, en su caso, representa el escupir al cielo.

Si la experiencia y el conocimiento fueran cruciales para hacer un buen gobierno, como aducen algunos, Guerrero no se encontraría entre los estados más pobres del país, más rezagados, más subdesarrollados.

Experiencia y conocimiento han sido determinantes, sí, para que las camadas de funcionarios, gobernantes y políticos tejan efectivas redes de complicidad que les permitan salir cada sexenio bien librados de sus turbios manejos en los diferentes ámbitos.

¿Qué otra explicación habría, si no, en el caso de aquel político costachiquense que, autoerigiéndose en actual mentor de la gobernanza, no logró concluir su sexenio y que, si bien pudo no haber tenido participación directa en la desaparición de los 43 estudiantes normalistas, sí estaba enterado de cuanto estaba ocurriendo la noche de los acontecimientos y todos los demás días?

¿Dónde entra aquí la experiencia que el ex gobernador privilegia como una virtud que debe tener quien gobierne la entidad? ¿De qué le sirvió? ¿Cómo fue que no le ahorró la vergüenza de haber salido disparado de la gubernatura?

¿Es esa la manera de ejercer la gobernanza?

¿Dónde tiene cabida el arte del buen gobierno, la experiencia y el conocimiento en el caso de aquel gobernador que en 1999 comenzó a contratar profesores sin contar con el debido respaldo presupuestal?

¿Dónde el de aquellos gobernadores que, después de ese, siguieron contratando más docentes y administrativos hasta sumar miles y convertir el problema en una bomba que ha provocado la paralización del magisterio porque no se le ha alcanzado a pagar sus salarios?

¿Qué tanta es la experiencia y el conocimiento y qué tan vasto debe ser el arte de gobernar que debe tenerse para crear un conflicto de esa naturaleza, que, por cierto, le será heredado al próximo gobernador?

¿Qué tan bien debe gobernarse para convertir la Secretaría de Salud y la Secretaría de Educación Guerrero en las que más malos manejos financieros han tenido en los últimos sexenios?

¿Cómo es que al 4 de noviembre de 2019 la Auditoría Superior de la Federación (ASF) estaba exigiendo la aclaración o recuperación de 19 mil 899 millones 800 mil pesos desviados entre 2002 y 2018?

¿Se necesita mucha experiencia para dejar tan malas cuentas y resultar sin castigo? ¿Es eso gobernanza? ¿Es la herencia de los genios que han gobernado Guerrero en los últimos sexenios?

¿Es el mismo tipo de políticos que requiere la entidad?

El gran mentor dice que sí. n

El terreno de las campañas políticas no resulta tan árido como para que no florezca algún planteamiento acorde con el actual estado turístico de Acapulco.

Luisa Fernanda Fontova Torreblanca, candidata a presidenta municipal de Acapulco por el Partido Acción Nacional (PAN), al reunirse ayer con integrantes del Colectivo Estatal de Turismo, llevó a la mesa al menos dos de ellos, que no deberían pasarse por alto porque está de por medio el resurgimiento o el hundimiento total del puerto.

Habló la candidata de que el puerto tiene una infraestructura de alojamiento caduca e hizo hincapié en la necesidad de “echarle la mano a los hoteleros”.

El punto nada tiene de novedoso.

Lo hizo ya Rodolfo Elizondo Torres, quien en su condición de secretario de Turismo en el sexenio de Vicente Fox (2000-2006) declaró que Acapulco estaba acabado como destino turístico.

Habló en un acto público en esta ciudad, y provocó el escándalo y la indignación de autoridades y prestadores de servicios turísticos, quienes lo llegaron a declarar persona no grata.

Elizondo Torres refirió precisamente que los hoteles estaban muy viejos y que sólo si se reconstruían o reparaban podría haber un repunte del puerto.

No hubo ni ha habido inversión hasta estos días.

El Acapulco Tradicional está solo y abandonado.

La zona Dorada oscila entre la oscuridad y la claridad.

Las nuevas inversiones se canalizan hacia el Acapulco Diamante, donde, allá sí, hay sitios de hospedaje, centros de convenciones y zonas comerciales nuevos e infraestructura bien cuidada.

Luego vino el auge de Cancún y la apertura de destinos turísticos en Centroamérica, que inclinaron aun más al puerto hacia el declive.

En los últimos años, a partir de 2006, la violencia lo ha apaleado, y desde el año pasado la pandemia del Covid lo zarandea.

Por otra parte, subrayó Fontova Torreblanca que si no bajan los indicadores delictivos y el números de contagios de Covid-19, la suerte de Acapulco no cambiará.

Por fortuna, el combate al Covid muestra alentadores resultados, pero ¿qué hay con la violencia y el relanzamiento turístico?

Después de funcionar como centro turístico finsemanero y depender de la afluencia de los nacionales –que si bien antes eran discriminados por los turisteros ahora se lo revierten con un “por nosotros tragan”– , ¿cuál será el futuro de Acapulco? n

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