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Rumbo al despeñadero

Escrito por  Jul 13, 2020

No pasa inadvertido el hecho de que, estando en Estados Unidos, los paisanos son muy respetuosos de la ley, por ejemplo, a la hora de manejar sus automóviles, pero en cuanto pisan tierras mexicanas echan el gato a retozar y conducen a su libre arbitrio pasando por alto leyes y reglamentos como si desafiaran a los policías viales.

¿La diferencia? Allá se aplica la ley. Ante la menor muestra de resistencia a la autoridad, el infractor casi de inmediato se ve copado de patrullas y se expone incluso a la deportación.

Acá, si les cae la policía, a cambio de 50 pesos otorga al conductor plena libertad para seguir con sus desmanes.

En el vecino país, no es la conciencia. No es la educación. No es la responsabilidad lo que los obliga a ser respetuosos de la ley: es el miedo.

En México se paga por infringir la ley. El infractor sabe que no pasa nada. Y si no hay conciencia, ni educación, ni responsabilidad, ni miedo, es el caos el que predomina.

Situándonos en el actual contexto de la pandemia, si un usuario no lleva cubreboca no pasa al interior del banco; así sea a regañadientes, se ve forzado a usarlo así se deshaga de él en cuanto sale de la oficina.

Cuando a la persona repentinamente entra a su mente la necesidad de cuidarse porque sabe que si ella enferma seguramente caerá toda la familia, corriendo mayor riesgo las persona mayores, los abuelos, los padres, siente que debe cuidarse. Recurriendo a la expresión popular: le cayó el 20.

Pero en la mayoría de los casos no sucede así; vamos por la vida en otro mundo, dormidos, soñando, abrumados por las preocupaciones y el sufrimiento por cuanto nos ha ocurrido en el pasado.

Y sólo atendemos a la autoridad por miedo u obligados por las circunstancias, como en el caso de los bancos y supermercados.

El miedo, más que la responsabilidad, obliga a una parte de la gente a aplicar las medidas sanitarias, porque, ahora sí, ya se dio cuenta de que el vecino murió, el primo, el hermano.

Pero es mucha la gente a la que no le llega ni siquiera la emoción del miedo: a mí no me pasará. Ese mal no existe. Puros cuentos del gobierno, dice aún.

Conciencia, de acuerdo con la espiritualidad, es atención plena, estar atento a lo que estás haciendo en este segundo; es estar presente. Y estar presente significa ahorita, en este instante.

Luego entonces, hablemos mejor de responsabilidad; si actuáramos responsablemente otra fuera nuestra situación.

¿Consecuencia? Guerrero, como todo un funambulista, se desliza tambaleándose sobre la fina línea que separa al color naranja del rojo.

El gobierno patalea, hace berrinche y regaña a la gente por apartarse de las reglas sanitarias; y no está dispuesta a aplicar la fuerza para contenerla y, obviamente, de la noche a la mañana no hará de los ciudadanos personas juiciosas y responsables.

No hay miedo.

No hay responsabilidad.

No hay aplicación de la ley.

El convencimiento no funciona. Resultado: avanzamos directos al precipicio. n