Ausencia de responsabilidad

Escrito por  Ene 26, 2021

Ayer, la Secretaría de Salud informó que 20 guerrerenses murieron a causa del Covid-19; este domingo sumaron 34 los decesos en 24 horas.

Y así vienen los números. Es una situación compleja, resume la autoridad gubernamental y llama a cuidarse.

Un punto grave del asunto se relaciona con la criminal actitud de los renuentes a respetar las reglas sanitarias.

Se resisten a usar cubreboca y gel, así como a guardar la sana distancia, sin tomar en cuenta que en sus casas viven personas mayores, que son las que sufren los más devastadores efectos de la pandemia.

Visto ha estado que son pocas las probabilidades de que un adulto mayor que ingresa a un hospital regrese caminando a casa, porque su inmensa mayoría padece enfermedades como diabetes, alta presión arterial, o de otro tipo, que lo vuelven más vulnerable.

Eso, los renuentes lo pasan por alto. No le dan importancia.

Un adulto mayor muere aquí. Otro allá. Ya se trata del vecino, del pariente. Pero los reacios no se fijan en eso.

Deberían ser los adultos jóvenes los que deberían cuidar a los adultos mayores de su casa, procurándoles cuidados y protección, aparte de someterse ellos mismos a los protocolos sanitarios.

Eso, si los renuentes fueran conscientes. Si tuvieran sentido de responsabilidad. Si fueran racionales.

Pero no.

Y si a los familiares no les importa cuidar a sus señores grandes, el gobierno no se preocupa más que aquellos.

La autoridad se justifica diciendo hacemos esto y hacemos lo otro. Ella está rodeada de médicos, de atenciones y cuidados, de tal manera que, si llega a infectarse, de inmediato es sometida a tratamiento sin que corra el menor peligro.

¿Y los adultos mayores? ¿Y la gente más vulnerable que ya no está en condiciones de cuidar a los demás, sino de que la cuiden a ella?

El descuido de los renuentes, su importapoquismo, es peligroso foco de contagio y muerte.

¿Y quién los obligará a ubicarse? ¿A someterse a los protocolos sanitarios?

No hay poder humano capaz de hacerlo, porque si algún allegado les exige, a la vuelta de la esquina dejan de hacerlo.

No hay conciencia.

Sólo quien ha sido contagiado y ha logrado vencer a la muerte puede explicar lo tormentoso del mal, y, cuando más, podrían explicarlo los familiares que vivieron de cerca la experiencia.

Los demás, los reacios, no lo entienden, y si llegan a infectarse quizás lograran entenderlo, pero para entonces mucho mal habrán causado ya, y lo peor de todo, a sus seres queridos. n