Desde hace 50 años, deleita a la gente con sus pabellones de sabores Foto: Rodolfo Valadez Luviano

Desde hace 50 años, deleita a la gente con sus pabellones de sabores

Escrito por  Rodolfo Valadez Luviano Jun 01, 2020

“Exista o no un virus, de todos modos hay que chambear para poder comer”, señala


Tecpan, 31 de mayo. A pesar de saber el riesgo que corre de infectarse de Covid-19 por andar por las calles de Tecpan, y de que si eso ocurre su vida corre peligro por ser un adulto de más de 70 años de edad, Abelardo Andrade Hernández sale a ofrecer sus pabellones de diversos sabores, convencido de que si no trabaja no habrá dinero para que coma su familia, “haya o no haya enfermedad”.

El hombre se ha dedicado a esa actividad en los últimos 50 años, en los que ha sido testigo, según contó, de los cambios y el crecimiento de la ciudad así como de su población, además de la caída en la venta de sus productos, pues dice que día a día a la gente le gustan menos los pabellones de sabores, a diferencia de años atrás en que la venta de éstos era muy buena. “Han pasado 50 años desde que comencé a vender los pabellones, y nunca había visto una cosa como la que pasa hoy. Nunca había visto a la gente con los cubrebocas, las tiendas cerradas, y las calles sin gente desde la tarde, es algo muy triste. Ojalá que las cosas se arreglen pronto, aunque al paso que vamos no creo que así sea”, lamentó.

Tamarindo, grosella, limón, vainilla y fresa son los sabores de las mieles con las que, el originario de Pantla, pinta sus raspados, como también se conocen en otras latitudes, siendo la venta de éstos lo que le permitió, según dijo, sacar adelante a su familia y darles estudios profesionales a sus hijos.

Don Abelardo, como lo llaman la gente, dice no creer en la existencia del coronavirus, pues asegura que si se llegara a enfermar sería “porque así lo quiso Dios”, sin embargo, indicó que toma sus precauciones, como usar cubrebocas, usa continuamente el gel antibacterial y lo reparte entre quienes se acercan a comprar, para que el riesgo sea menor.

Dijo que si existe o no la enfermedad, él tiene que salir a trabajar para obtener dinero y mantener a su familia, “porque soy una persona que vive al día”, apuntó y añadió “a mí el gobierno no va a venir a mantenerme, si uno no trabaja no come, exista o no un virus, de todos modos hay que chambear para poder comer”.

Al hablar de sus inicios, cuando llegó a Tecpan, recordó que primero se dedicó a vender paletas de hielo, negocio que le generó pocas ganancias, y por eso optó por vender pabellones, para lo cual su esposa le enseñó a preparar las mieles de sabores, y un día salió a las calles a ofrecer sus productos en una carretilla que él mismo fabricó.

Actualmente inicia su jornada de trabajo al medio día, y regresa a su casa a las 4 de la tarde, porque sabe que debe estar ahí antes de las 6 de la tarde, hora en que todos los negocios deben estar cerrados como parte de las medidas preventivas.